jueves, 13 de diciembre de 2012

Chocolate con limón.

Lágrimas de fuego cayendo sobre su pecho, 
una abrumadora niebla, que le hacía soñar despierto.
Gritaba en silencio. Gritaba su nombre. Gritaba de miedo.
Era invierno. Un invierno vibrante, chocante y a la vez ligero.
Se percibían a lo lejos sollozos de animal martirizado.
"¡Chocolate con limón!", gritó. Chocolate calcinado.
Recordó esa frase que bramaba por su cabeza...
Se acordó de ella. De ella y de su gran frase.
"Nada es tan dulce como el chocolate, ni tan agrio como el limón".
Se acordó. Por fin, sabía que había salida, que no todo era sombrío.
Nada es tan malo como se cree, ni tan bonito como irradia.

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