viernes, 22 de junio de 2012

Cruel gota. Dulce espina.

Nunca fuimos nada, y sin embargo, siempre seremos todo.
Un escalofrío recorre todo mi cuerpo, la cálida gota que marchita mi vida. La gota que hiela, y congela. No sé si deba hacerlo. Duele... y me obsesiono, y lloro; sin apenas notarlo. La misma gota. Retumba. Se escapa. Vuelve, me persigue. No puedo. Ya no más. Pero, sin embargo sonrío, o lo intento al menos. Río, mas lloro por dentro. Finjo, pero se me cuelan los sollozos. Se marcharon hasta mis pensamientos; ni hablar siquiera de aquellos sentimientos... Vuelve aquel perfume. Olores familiares. Mejor morir a seguir así viviendo. Del recuerdo. Mejor dejar de latir o no sentir. Sentir un corazón en mi pecho. Pienso, ya ni siquiera vienen los recuerdos. Lloro, y ya no tengo nada dentro. Se llevó la poca razón que me quedaba. Desde mis adentros, grito, no oyes nada. Te canto, te sigues alejando. Yo ya no puedo hacer más nada. Nada más tengo para darte. Escápate. Cruel gota. Cruel al marchitar la bella flor. Al intentar quitar esa sonrisa que matabas. Brillar para conseguir la armonía. Cruel gota, vagas por ahí... vete, vete sólo si quieres irte. Y si te vas, recuerda no volver. Jamás. Cruel gota enlazada con viejas espinas, me consumes. Me aniquilas desde dentro. El más profundo viento que resopla. Lo destrozas. ¡Cruel gota!. ¿No elegías irte?. Pues vete. No regreses. Cruel gota, no sabes cómo dueles. Dulce espina. Te clavas en mi vida, me acostumbro y te vas. ¿A qué viniste?. ¿Venías a hacer sangrar el dolor que me estremecía?. Lo conseguiste. Arruinaste la leve esperanza que aún quedaba. Pues mejor. Ya no me haces ninguna falta...

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